PICAS FORESTALES

La palabra Pica de amplio uso en las comunidades rurales de Venezuela designa a “un sendero provisional abierto en un lugar montuoso”, tal como nos enseña Don Lisandro Alvarado en su Glosario de voces indígenas de Venezuela. Es voz de uso frecuente que en otros diccionarios la señalan como sinónimo de Trocha. Con tal significación se emplea también en Colombia y Ecuador. La historia patria la registra en 1821 cuando Páez para apresurar su entrada a la gloria de Carabobo atraviesa la nombrada Pica de La Mona que une a Nirgua y Valencia. También la historia y la geografía señalan que en 1940, el explorador y baquiano amazonense Melicio Pérez inició la apertura de la llamada “Pica de los Piaroa” que uniría a Puerto Ayacucho con Manapiare sobre un trayecto de 170 kilómetros, la cual serviría de guía para la apertura de la carretera. En el ámbito jurídico se usa con propiedad este vocablo tal como se muestra en el artículo 35 de la Ley Forestal de Suelos y Aguas: Cuando se trate de la apertura de picas, ordenadas por la autoridad judicial en juicio de deslindes ….. En otro contexto esta palabra se utiliza para referenciar las áreas de investigación en las que se ubican ensayos de diferente índole como los de la Pica 8 de la Estación Experimental Caparo o la Pica Garciera, del bosque universitario Caimital. Por último, no podía faltar la exaltación de las picas en el ámbito de la poesía popular como se muestra en los versos arvelianos: por estas picas tan solas; por la pica de una canta; se me cerraron las picas. etc., o bien en coplas populares, como las referidas a los peligros que encerraba la montaña de San Camilo y que conllevaban a la pérdida de los baquianos: Se metió montaña adentro - Por una pica que había.
Se ha escogido el nombre de PICAS FORESTALES para identificar esta página dado que la connotación de la expresión se compagina bien con la trayectoria seguida por el responsable de la misma en sus faenas forestales que a la vez acompañaba con la de baquiano, a lo largo y ancho del país. Bajo esta fundamentación se presenta una serie de relatos originados en las experiencias acumuladas en una cincuentena de años de trajín en la ruralidad, en un entorno lleno de picas que se entrecruzaban en uno u otro derrotero y de cuyo tránsito brotaron centenas de anécdotas

23 marzo 2015

DE COLORANTES ARTESANALES Y OTRAS ASTUCIAS DE LOS WARAO!!

DE COLORANTES ARTESANALES Y OTRAS ASTUCIAS DE LOS WARAO!! 

Omar Carrero Araque 
Baquiano 2013 


En uno los viajes de trabajo  nos llegamos hasta uno de los tantos poblados que sobreviven a costa de caño en el Delta del Orinoco. Un poblado de unos 200 habitantes, mayoritariamente pertenecientes a la etnia warao, de bien ganado renombre como cultivadores de ocumo chino y pescadores, además de ser tan buenos artesanos que transforman las hojas del moriche en chinchorros y bonitas cestas, y a la madera del palo de boya y del sangrito, en figuras zoomorfas de alta calidad artística. Allí tuve contacto con un viejo artesano que en cuestión de minutos transformaba un contrafuerte de sangrito en un cachicamo, en una polícroma guacamaya o en un mono, con tal precisión que al final de la tarde, al ver su producción, cualquiera hubiera pensado en que esas figuras hubieran sido elaboradas en un molde. 

Por otro lado estaban las tejedoras de cestas quienes con igual destreza elaboraban paneras, carteras, bolsos, mapires, guayares, sebucanes y chinchorros, de fino acabado y de tramas y colores combinados artísticamente, realzando la belleza de sus productos. 

Me enteré entonces que esa fina técnica de tejer la fibra de palma les había sido enseñada hace mucho tiempo por un misionero español, quien la había aprendido en Marruecos, mejorándoles de esta manera su rústico arte ancestral. En mis pesquisas sobre botánica aplicada e intrigado por conocer la forma cómo obtenían los colorantes naturales, me gané la confianza de este artesano, el que a su vez era el líder de la comunidad, por lo que me atreví a preguntarle sobre el modo de obtención de las tinturas. El viejo sonrió dejando ver su encía de crío y con toda la parsimonia me explicó en su escaso español que el amarillo lo sacaban de las hojas de la chica, el rojo de las semillas de onoto, el azul y el morado de la yerba de culebra y así fue nombrando otras plantas, muchas de las cuales no pude identificar porque no tenían nombre castellano y porque no alcancé a entenderle su habla en “lengua” como llamaba a su dialecto warao. Con mi libreta llena de anotaciones etnobotánicas y cargado de cestas de moriche, collares y guacamayas multicolores, me fui al embarcadero donde me esperaba el bongo que me llevaría a nuestro centro de operaciones en Merejina. Ocurrió que en el momento de las despedidas salió a mi encuentro un jovencito indígena de unos 12 años a quien el día anterior le había regalado una linterna, este mozalbete fue a despedirme con un apretón de manos, pero en un momento decidió acercarse más para darme un abrazo, un acto al que después interpreté como el pretexto para poder susurrarme al oído: no le creas nada a mi abuelo de lo que te dijo sobre los colores y las matas que usa, él te mintió, él es mentiroso, porque él mancha todo eso es con culei (Kool-Aid) de naranja, de uva y de cola!!! Ya en el bongo, viendo como la proa partía el agua del gran río, me imaginé al viejo riéndose y acordándose de mi cara de pendejo!! 

Fotos: Hernán Maldonado Colmenter

CANTOS VEGETALES: LA PALMA DE AGUA

CANTOS VEGETALES
La Palma de Agua 
Attalea butyracea (Mutis ex L.f.) Wess.Boer
Foto tomada de: www.mylagro.com ›
Semillas Forestales

Palma de puntas al cielo 
Palma de sombra y aliento 
Palma de frutos en cientos 
Palma de penca en revuelo 

Palma del porte bonito 
Palma del ácido vino 
Palma del techado fino 
Palma del ramo bendito 

Palma del cerro y del llano 
Palma que resiste al rayo 
Palma que agradece a mayo 
Palma que enrumba al baquiano 

Palma de Agua o Palma Yagua 
Como el baquiano te mienta 
Palma por antonomasia 
Como Attalea butyraceae 
El botánico te asienta

Omar Carrero Araque
Baquiano

GARCITA: ENTRE QUERENCIA Y COMEDERO (1/2)

GARCITA: ENTRE QUERENCIA Y COMEDERO (1/2)
Omar Carrero A.
Baquiano 2009

 


Garcita, pueblo del municipio Las Mercedes del Llano ubicado en el sur del estado Guárico en la confluencia de los ríos Apurito y Guariquito. Obsérvese en la casa de palma la marca que deja la inundación. Foto: “Coco” Guevara 






Cuando el Orinoco se hincha sus afluentes llaneros no pueden rendirle por lo que tienden a represarse y a “correr hacia arriba” inundando las sabanas del bajo llano, pues las aguas entran en caos uniéndose las de uno y otro río a través de caños e hileros. En estos lugares la tierra llana forma un “hueco”, con altitudes por debajo de los 50 m en donde la aguas invernales en combinación con los médanos conforman lo que el sabio Humboldt llamó el “delta interno”. Las partes relativamente más altas conforman isletas libres de las inundaciones siendo ocupadas por algunos caseríos. Allí los pastos permanecen verdes aún en la época de sequía, un hecho que fue aprovechado en tiempos pasados por los productores del llano central guariqueño para apacentar sus rebaños, carentes de alimento en sus medanales desiertos en tiempos de sequía. Aún se recuerdan los rebaños trashumantes que ocupaban isletas como las de Apurito, Arichuna, Rabanal, Guamalito y Garcita, entre otras. 

En esta última, tal vez una de las más nombradas se mantienen vivos los pajales gracias a las aguas de El Cántaro que corre por el medio. Garcita se gana por agua o por tierra dependiendo de la voluntad de los vientos alisios. En verano o en invierno se puede llegar desde Cabruta, ya por una trocha o por el río Apure-Apurito. En invierno también se puede llegar desde Cazorla navegando por el caño San Bartolo que fluye en el Apurito. Los dos trayectos son portentosos por la variedad de paisajes y fauna que se presenta en el recorrido. Hemos tenido la ocasión de hacer estas dos “itineras” en compañía de los profesores Manuel Costa, Leonardo Lugo y José “Coco” Guevara, este último, doctorante de la española Universidad de Valencia. 

 El viaje iniciado en Cabruta nos puso en contacto con este pueblo de desvarío donde la vida trascurre en el apuro de un comercio desbocado, marcado por la presencia de numerosas embarcaciones amarradas en la barranca del Orinoco, el hijo de muchos ríos de Venezuela y Colombia, ahora muy menguado porque para la época de abril registra los niveles más bajos en su régimen hidrológico. Desde este poblado hicimos contacto con el llano guariqueño que se presenta impactante por la vistosidad de sus sabanas, esteros, médanos y palmares, así como por la fauna que ocupa esos espacios. 

Andar por estos parajes requiere de la vista experta de un baquiano ya que las trochas se multiplican, se anastomosan y se separan, en un intento por esquivar los médanos enterrados. En la lejura los médanos activos reflectan en el medio de la sabana; aparecen lagunas que semejan espejismos pero que cobran vida gracias al revuelo de las aves vadeadoras; bosques de galería que como fieles amigos siguen el curso de los caños, en los que el saladillo (Caraipa llanorum), el uvero (Coccoloba sp.) y el guamo chiguo (Campsiandra implexicaulis) son la constante vegetal. Los vehículos unas veces ruedan sobre suelos tan arenosos que siempre están expuestos al atasque y otras, sobre suelos limosos donde las polvaredas que se levantan a su paso semejan la neblina de los páramos. Se encuentran los cauces secos de caños de aguas estacionales o de ríos cortados por el verano como el Aguaro, que sólo conservan algunos pozos providenciales para el refugio de la fauna en la que destacan las aves multicolores, lagartos, serpientes y quelonios. La palma llanera conforma densas comunidades que verdean en el aire difuminando la mustiedad del paisaje. 

La Palma Horquetiá

De entre las centenas de palmas, apareció una que tronchó la regla del monopodio de estas plantas al presentarse bifurcada, rareza conocida en el llano como palma horquetiá o palma de dos guías. En la pata de esta palma Pedro Nolasco nuestro baquiano, como buen apureño nos señala que “ahí mismito está Garcita” un pueblo guariqueño muchas veces nombrado en las cantas. En ese momento, obnubilados por la niebla de limo no percatamos que para los apureños, acostumbrados a estar siempre en el medio de un enorme círculo todo lo ven cerca, por lo que para ellos las cosas siempre están “ahí mismito”. Pensando en la proximidad del poblado decidimos acercarnos para sentir personalmente qué fuerza movió a Simón Díaz y Ángel Custodio Loyola a cantarle bonito a este puñado de casas. Teníamos referencias de Garcita a través de esa mata de llaneridad representada en el poeta Ángel Eduardo Acevedo, nativo de este Caserío pero ahora apersogado a la Universidad de Mérida. Desde la serrana Mérida veíamos lejana la oportunidad de conocer Garcita, por eso ahora que estábamos “ahí mismito” no lo pensamos dos veces para acercarnos. 

El “ahí mismito” del baquiano se nos alarga mucho, quizás más por la ansiedad que por la distancia. Fue entonces cuando nos acordamos de Simón, quien seguramente en un trance similar sintió que mucho aguaitacamino le faltaba para llegar, pero con alivio vimos que después del último aguaitacamino apareció Garcita!!. En un principio no percatábamos la realidad porque el caserío, sometido al efecto de las tolvaneras aparecía desvanecido, pero llegando a él pudimos con sorpresa reparar que el pueblo es realmente borroso!! Quince remedos de casa alineadas frente al río. Viejos techos de palma arqueados por el peso del tiempo y sostenidos por altas paredes de bahareque tapizadas por un pañete, mezcolanza de bosta de vaca con paja. Sobre el tono pardo del pañete aparece a apreciable altura, tal vez de 1,50 metros, la marca gris de un zócalo esta vez no hecho por el hombre sino por las aguas del río. Es la línea que señala el nivel de inundación que dejan las aguas de los ríos Guariquito y Apurito que frente al pueblo se juntan. El represamiento que ocasiona el Orinoco en época de invierno hace que sus tributarios llaneros se desborden para ocupar espacios de la sabana, es entonces cuando todos los caños y ríos de esa enorme cubeta se enmarañan convirtiendo al Costo Orinoco en un mar interior. 

El desparrame de las aguas sobre el caserío fuerza la salida de sus habitantes hacia los médanos vecinos, especialmente a los más grandes como Médano Gómez. Otros prefieren quedarse en chozas que construyen sobre rústicas falúas que permanecen amarradas frente al poblado. En época de estío una pequeña bodega suple las necesidades de unos cuarenta vecinos, entre los que figuran el comisario, el guardaparque, el maestro y el amigo Coronado, dueño de la bodega, todos acompañados de un puñado de gallinas y cochinos que sin las restricciones de chiquero campean libremente. Una punta de ganado espera en los corrales el mejor momento para ser llevada a tierras apureñas en busca de pastura fresca. En la playa, frente al río cuatro canoas esperan tranquilamente la llegada de las lluvias para salir de su letargo. 

En la noche veranera, el despeje del cielo convierte al caserío en una posada de mil estrellas ambientada musicalmente por un resonar producido por la mezcolanza de bramidos, cantos de aves nocturnas, rechinamientos de insectos y croar de todos los sapos.

15 marzo 2015

JESÚS BOLAÑOS, FACULTO EN LA BAQUÍA

JESÚS BOLAÑOS
FACULTO EN LA BAQUÍA

Omar Carrero Araque
Baquiano
2010


Jesús Bolaños y Omar Carrero a orillas del Caparo
Jesús María Bolaños fue uno de los Baquianos Mayores que habitó la región de los llanos montañosos del suroeste de Barinas y Apure, en donde alcanzaron nombradía las montañas de Caparo, Guacas, Cutufí, El Nula, San Camilo, Soropo y Anaro. Su centro de operaciones lo tenía establecido en El Cantón de Barinas, pueblo al que había llegado tal vez desde Santa Bárbara siendo apenas un jovencito de siete años aunque para la época, a esa edad ya se ejercía como adulto. La montaña y la sabana conformaron su entorno junto con un río que le servía de escape al brindarle la oportunidad de ociar en medio de los afanes obligados para sobrevivir en esa entonces aislada e inhóspita región. Hace casi un siglo que su familia junto a la de Don Pablo Rodríguez fue una de las primeras en establecerse en un recodo del Caparo, en lo que ahora se conoce como Cantón Viejo. Allí en medio del claro que abría el cauce y sus vegas, estaba su vivienda rodeada de la selva profunda. 

Seguramente, el corral y el rebaño, el canalete y la palanca, la sabana y la espesura, y las señas del cielo, fueron su primera escuela. Allí aprendió a desentrañar los secretos del río, del bosque, de la sabana y del firmamento. 

Los nombres de las plantas se le hicieron familiares así como el de los animales de tierra, de agua y de aire. Aprendió a reconocer a las plantas por sus efluvios, a las aves por su canto y a los peces por su aguaje. Aprendió también a interpretar las señas del cielo para predecir la proximidad de las lluvias o los días calinosos del verano. 

La necesidad de subsistir lo llevó al conocimiento de los servicios que procuran las criaturas del monte. El sustento y la curación estaban a su alcance, sólo tuvo que reconocer dónde. La pericia del río la copió de su taita quien primeramente le enseñó en su canoa de diario, el oficio de Palanquero, y más tarde el de Patrón, en los bongos de espadilla en los que surcaba hasta Caicara del Orinoco, en los momentos máximos del intercambio comercial entre el alto llano y el costo orinocense, que adelantó en casi un siglo el proyecto Eje Orinoco-Apure. 

La vastedad de saberes adquiridos en su trajinar le valió para ser incorporado como Baquiano en la nómina de la Universidad de Los Andes. Desde la Estación Experimental Caparo acompañó durante más 25 años a las camadas de estudiantes, profesores e investigadores que hicieron del bosque su laboratorio natural. A los sesenta años de vida no conocía horizonte diferente al que le ofrecía la sabana, por lo que en una oportunidad el Coco Guevara, Profesor de Dendrología, lo invitó a participar en práctica de la materia hacia el centro del país. Entonces presenciamos su primer encuentro con el espacio marino: Se quedó un rato avistando la lejanía que se la abría frente a la Bahía de Cata y emocionado definió al mar con una sentencia ¡! que extensidá !! 

En otra oportunidad, mirando el cielo mayero a la llegada de las aguas, observó a un par de gabanes cuyo vuelo reconocía fácilmente por la particularidad que tienen estas aves de alinear horizontalmente las patas con el pescuezo, ganando así majestuosidad en sus desplazamientos por las alturas; entonces me dijo: Umar yo creo que el gabán y el carrao son los pájaros más llaneros que hay, significando con ello que estas dos aves eran a su entender, las más representativas de la avifauna llanera. 

 Después de su jubilación y su viudez se adentró por varios años en tierras guayanesas trabajando como viverista de una empresa forestal, pero después de tres años regresó a su tierra adoptiva donde estaban sus verdaderas querencias. 

Jesús o Chuy, se mantuvo activo hasta el fin de sus días, que le sobrevino en agosto del 97, cuando un tapabuche le hizo entender que había llegado la hora de verle la cara a San Pedro. 

Le sobreviven, además de sus enseñanzas, sus refranes y la membranza de sus cantos y su zapateo en los joropos, porque es conocido que cuando ya tenía una botella del anisado La Gaviota entre pecho y espalda, soltaba su canto como buscando contendores para el contrapunteo: 

Con el cuatro y con el tres 
con el dos y con el As 
cinco por ocho cuarenta 
tabla de multiplicá 
permiso pido señores 
para empezar a cantá 

Hasta ahí llegaba su reto porque tal vez era el único verso que sabía de los tantos que se necesitan para mantener una porfía o porque en realidad no hallaba contendores. Hoy, Chuy Bolaños debe estar contento de haberse encontrado en las alturas con su viejo Juan, con Lucho Ballesteros y con Jorge Virigay, quienes seguramente ya le habrán enseñado los nombres de los bichos y de las matas de los andurriales del cielo.

E S T E R O

E S T E R O 

Omar Carrero Araque 
 Baquiano 
 2012 

La travesía por el llano entero en compañía de estudiosos que andaban cazando información, me procuró una mejor visión de algunas entidades del paisaje, como los Esteros. Estos elementos al permitir el rencuentro de las aguas de la sabana, consienten a su vez el rencuentro de la vida. 
En época de escasez albergan la fauna silvestre 
Dan posada a las aves viajeras 
Sirven de nidal para los peces 
Hacen el trabajo de depuradores 
 Regulan las crecidas de los ríos 
Son puntales de la agro-economía 
Avivan el estro de poetas y compositores. 



Estero de Camaguán

(Municipio Camaguán, estado Guárico)

Foto: Vivencias Llaneras del Abuelo

 Al escuchar palabra Estero nos trasladamos imaginariamente a la llanura aluvial, en un acto inducido por la consagración que estos espacios han logrado como referenciales del paisaje llanero. Los esteros aparecen en las áreas más hundidas de estos llanos, hacia los cuales concurren las aguas invernales, que en lámina se conservan durante la mayor parte del año. De esta manera estos parajes se convierten en refugio para los animales de pluma, de pelo, de concha o de cuero, que en tiempo de mengua se citan allí en procura de nutrimento. 

Parte de la aureola de “íconos de la llanura” conferida a los esteros se debe a que su belleza paisajística ha sido profusamente resaltada en la canta llanera y más recientemente en la actividad turística llamada “de aventura”, que intenta la aproximación del citadino a la ruralidad. En Venezuela son bien conocidos los esteros de Camaguán, de Chiriguare, de Monasterios y de Los Trompillos, los dos primeros protegidos bajo la figura de Reserva de Fauna Silvestre. 

Pese al simbolismo nativista que en nuestro medio ha adquirido el vocablo estero, es necesario acotar que el mismo no es exclusivo de Venezuela como de habitual se entiende, pues como parte del equipaje verbal de los conquistadores llegó a diferentes lugares del “nuevo mundo”, en muchos de los cuales aún persiste aunque con distintos significados. 

El origen del término se remonta al Aestuarium de los latinos, con el cual se identificaba a “todo aquel terreno inmediato a la orilla de una ría, por el cual se extienden las aguas de las mareas” (1). Esta voz al extenderse a otros territorios del imperio romano tomó distintas acepciones, como las encontradas en la península ibérica en donde los Esteros se corresponden con “los lagos artificiales, de agua salada, creados normalmente con el objeto de explotar la sal presente, muchos de ellos en desuso pero ahora convertidos en refugios de vida silvestre” (2). Los habitantes de la región andaluza entienden por estero a un arte de la pesquería, empleado para “la captura de peces pequeños en los brazos de mar y desembocadura de los ríos“(2). 

En la América española el vocablo perduró en el tiempo y es común encontrarlo en distintos lugares del continente, aunque no siempre con el mismo significado. Así se tiene que para los chilenos un estero es un arroyo o riachuelo. En México y Honduras se identifica con este término a las entradas del mar que confluyen con masas de agua dulce (1). En Nicaragua, reciben el nombre de estero aquellos humedales estuarinos de la costa pacífica (4). En Puerto Rico el término persiste como un hidrónimo en el municipio Hormigueros -Río Estero- (5) y, en República Dominicana como un topónimo de la Provincia de Puerto Plata (Estero Hondo)(7); igualmente es topónimo en Paraguay (Estero Patiño) (6). 

En Argentina y Colombia la definición de Estero coincide en gran medida con la empleada en nuestros llanos, al aplicar este vocablo a todo “terreno bajo, pantanoso, intransitable, que suele llenarse de agua por la lluvia o por la filtración de un río o laguna cercanos, y que abunda en plantas acuáticas” (3). Son famosos los Esteros del Ibará en Argentina que se forman entre las planicies de los ríos Paraná y Uruguay, así como el de Lipa en Colombia, entre el Arauca y el Meta. 

Los Esteros, en el caso de Venezuela y Colombia, se han erigido en una suerte del Parnaso griego, el mítico asiento de las musas inspiradoras, puesto que los llaneros que son y los llaneros que se sienten, inagotablemente han encontrado vena en las “musas” del estero, encarnadas en las garzas, gabanes y gallitos así como en las boras, campanillas, palmas, juncos y espadillas, dando la razón al poeta elorzano Pedro Telmo Ojeda al señalar que: 

En cada estero hay un verso y un pasaje en tus cañadas!! 
(Sabanas de mi cariño) 

 Consultas en: 
1.- Estero - Wikipedia, la enciclopedia libre es.wikipedia.org/wiki/Estero‎ 
2.- Diccionario SALVAT 1968. XIII Edición - Salvat Editores - Barcelona 
3.- Diccionario de términos ambientales: Reciclaje de residuos ... books.google.co.ve/books?isbn=8499693709 
4.- Ficha informativa de los humedales Ramsar: Deltas del Estero Real ... www.bvsde.org.ni/Web_textos/.../FichaInfHumedalesRAMSAR.pdf‎ 
5.- Hormigueros (Puerto Rico) - Wikipedia, la enciclopedia libre es.wikipedia.org/wiki/Hormigueros_(Puerto_Rico)‎ 
6. Descripcion de esteros en Honduras Definición ... - oirsa www.oirsa.org/aplicaciones/subidoarchivos/.../EsterosHonduras.pdf‎ 
7.- Estero Hondo - Wikipedia, the free encyclopedia en.wikipedia.org/wiki/Estero_Hondo‎

SI ES SU GUSTO!!!



ANÉCDOTAS FORESTALES 

Haber formado parte de la naturaleza agreste del campo venezolano durante más de cuarenta años, sin duda que deja marcas por las experiencias habidas, diversas de ellas presentes a través de historias, anécdotas, cuentos o leyendas. De esas tantas historias vividas en estas cuatro décadas de monte, se han escogido algunas de las más sonadas para que se mantengan vivas en el tiempo, ahora que muchas de éstas ya están huérfanas de sus protagonistas.


SI ES SU GUSTO!!!

Omar Carrero Araque
Baquiano

Pica Garciera - Bosque Universitario El Caimital
Foto: INDEFOR
Mi amigo Pancho Garrido, compañero de campo por muchos años, me comentó que en uno de sus viajes al Bosque Universitario Caimital (un relicto de la selva estacional de unas 700 ha, ubicado entre las poblaciones de Barrancas y Obispos y que ahora podría considerarse como el bosque de la ciudad de Barinas por ser el único que se halla en varios kilómetros a la redonda de la ciudad marquesa), estuvo acompañado por el baquiano Patricio Mendoza, un obispeño lleno de historias y de una buena conversa, que realza con un marcado acento sabanero. Cuenta Pancho que, horas antes de salir al campo pasaron por el poblado a comprar el avío que les serviría de almuerzo, el cual consistía en este caso, en arepas rellenas con carne mechada y refrescos enlatados. Ante la indiferencia del baquiano para adquirir la provisión, mi amigo algo preocupado, lo interrogó: 

-¿Tú no vas a llevar comida para el almuerzo? 
-No señó, yo no acostumbro a comé en el campo, yo espero llegá a la casa pues a mí me gusta mascá en calientico. 

Ante esta consideración, no hubo más insistencia y a las siete de la mañana arrancaron rumbo al bosque, por el camino de Las Guayabitas que acortaba la distancia. Una vez en la espesura iniciaron el paciente trabajo de colectar insectos, una ocupación que se prolongó hasta la media tarde, cuando Pancho con varios frascos llenos de insectos zambullidos en alcohol, consideró prudente tomar un descanso antes de continuar con la recogida en otra parcela. Entonces se dispuso a entrarle de frente a las arepas, ahora frías y al refresco, ahora tibio!!. Sentado sobre una gruesa raíz de charo amarillo, estaba por darle el primer mordisco a la torta de maíz cuando le pareció ver que sobre la carne que sobresalía de la arepa, estaban los ojos del viejo. Allí se frenó instintivamente y con disimulo miró al baquiano, quien sentado en el tronco caído de una palma de agua, miraba con ansía el disco compacto de masa y carne que mi amigo tenía entre sus manos. La pregunta obligada de Pancho no se hizo esperar: 

-¿Tú quieres una arepa? 
La respuesta que ahora se ha convertido en proverbial entre los grupos de campo de la Facultad, reventó de inmediato: 
-Si es su gusto!!!. 

Se dio el compartir para satisfacción de Patricio, al lado de la acotación de mi amigo: Pero ahora me acuerdo que me dijiste que no acostumbrabas a comer en el campo. El retruque fue de inmediato: 
-Pero es que ustée me provooca!!!

GLOSA PARA MI HERMANO ELIDES

GLOSA PARA MI HERMANO ELIDES EN SUS 25 AÑOS DE PARQUERO 
 Los fuegos artificiales que el primero de Enero brillaron en los cielos saludando al nuevo año, sirvieron también para celebrar el primer cuarto de siglo que Elides Sulbarán lleva desempeñándose como uno de los más calificados funcionarios del Instituto Nacional de Parques. En agradecimiento a su laudable labor y uniéndome al coro de elogios que este aniversario ha motivado, dedico esta Glosa


José “Coco” Guevara G. -  Omar Carrero A. – Elides Sulbarán S.  en  la Laguna de Mucubají
P.N. Sierra Nevada (2014)
Autofoto: Elides Sulbarán

DEVOTO DE LA NATURA 
EL PARQUE HA SIDO SU AFÁN 
ES LA PASIÓN SIN MESURA 
DON ELIDES SULBARÁN 

 De Canaguá llegó un tanto 
Oloroso a cinarito 
Sopa de apio con cilantro 
Lo alimentó de chiquito 
Y le corrió el apetito
Hasta su pecho de albura 
Donde no existe amargura 
Porque savia y corazón 
Lo hicieron en conjunción 
DEVOTO DE LA NATURA 

Frailejón y Tabacote 
Mucubají y Los Anteojos 
Urraca, Chicuaco y Siote 
Senderos llenos de Abrojo 
Deleites para su antojo 
El Domo y El Gavilán 
Aguas de Mucunután 
Son ambientales funciones 
Que explican porque razones 
EL PARQUE HA SIDO SU AFÁN 

Lucha y esfuerzo constante 
De músculo e intelecto 
Que en una labor de Atlante 
Hace el trabajo perfecto 
Sin campo para el defecto 
Como abejita de altura 
Con vigor, fuerza y remarque 
Para que entiendan que el Parque 
ES LA PASIÓN SIN MESURA 

Veinticinco años restados 
De la cuenta de su vida 
A INPARQUES ha dedicado 
Con efusión desmedida 
Buscando siempre salida 
Con fuerza de un huracán 
Llegó para abrir caminos 
Bajo estos cielos andinos 
DON ELIDES SULBARÁN 

Omar Carrero Araque 
Mérida 2015

RÍO GUANARE: LEYENDA, PAISAJE Y COPLA

 RÍO GUANARE: LEYENDA, PAISAJE Y COPLA

Omar Carrero Araque
Baquiano
2006


El río Guanare a su paso por Guanarito

Foto bajada de: gelvez.com.ve
La revisión palmo a palmo de las tierras llaneras de la cuenca orinoquense, fue la ambiciosa tarea que Coco Guevara se impuso como penitencia para alcanzar las palmas de su biogeográfico doctorado. Como dijera Orlando Araujo, en estas cruzadas fui compañero de viaje, recogiendo experiencias no sólo de Don Manuel Costa Talens, su Tutor y de Leonardo Lugo, su vademécum edáfico, sino también del montón de personas llenas de pericia y baquía, que nos asistían en cada pueblo y en cada campo. Esa experiencia nos llevó a conocer al río Guanare en varios puntos de su recorrido, en cada uno de los cuales pudimos apreciar la visión y la historia que sobre este camino de agua tienen los ribereños. 

El Guanare es otro de los grandes ríos que bajan desde las crestas andinas buscando abrirse paso por entre los bancos de la tierra llana. Sus aguas reúnen la de numerosas quebradas que impetuosas buscan unirse a un torrente mayor para ganar renombre. Este río, que en la tierra de los despeñaderos amparados en la figura del Parque Nacional Dinira se llama Chabasquén, resulta de la alianza de las aguas menores de La Ciénega, Chabasquencito, Saguas y Biscucuicito. El Chabasquén una vez que gana horizontes se hace llamar Guanare para honrar a una especie de gaviota que hace vida en esos lugares, dicha guanaguanare por los indígenas. Ya Guanare, en el área de pie de monte al norte de Boconoíto, alimenta con sus aguas el embalse Tucupido-Guanare. Este río, uno de los emblemáticos del Llano, al atravesar pintorescos paisajes conformados por montañas, sabanas, palmares, madreviejas y desparramaderos ha servido de inspiración a poetas y copleros, tal como se reseña en 1928 en una composición del legendario coplero Cupertino Ríos, que escribe y musicaliza la versión primigenia de “Canoero del Guanare”, una pieza que han servido de matriz para que, sobre su melodía, se monten otras letras como las interpretadas por Juan Solito, Ángel Custodio Loyola, Luis Lozada y Reyna Lucero, entre otros. 

Al abrirse a la planada, el Guanare se gemela con el Portuguesa para iniciar una recorrida en paralelo de unos 400 kilómetros, trayecto en el cual rivalizan por el renombre, hasta que al fin acuerdan armonizar y unir sus aguas muy cerca de la población de La Unión y así hermanados deciden llenar las hondonadas de Camaguán antes de presentar sus saludos al Apure majestuoso. En su recorrido por el llano baña tierras barinesas y portugueseñas dispensando a los habitantes de Guanare, Guanarito o Arismendi, el bien de un camino de agua. 

En las áreas del bajo llano el río presenta un curso meándrico acentuado, debido a la poca pendiente del terreno. Esta condición hace que se difumine en algunos trechos creando desparramaderos como el del Palmar de Morrones, meandros de renombre como La Vuelta de Cambullón y madreviejas como las de Guanare viejo. A unos 60 Km hacia el sureste de Guanarito, en otro desparramadero, aparecen los Esteros de Chiriguare declarados como Refugio de Fauna Silvestre, una figura protectora de la fauna, “poligonizada” sobre 45.000 hectáreas en la que asiste alta diversidad biológica. 

En las vecindades del poblado La Morita recibe las aguas del Boconó, aumentando tanto su caudal que se ve forzado a romper uno de sus cerrados meandros cerca del Caserío Flores, derivándose entonces hacia el este. A partir de aquí, el cauce abandonado forma el Guanare viejo que se mantiene por largo trecho rumbeando al sur hasta que, en llegando al llano más bajo, en la zona de derrames, se convierte en el caño Guanaparo. 

 En la parte media del curso sus márgenes se pueblan mayormente de Guamo de río (Inga vera) y hacia la parte baja de Mangle de río (Croton cuneatus), formando los muy mentados Guamales y Manglares. Sus aguas, por lo menos en el pasado, fueron ricas en peces y sus pesqueros lograron notoriedad. Abunda o tal vez abundaba la Cachama (Colossoma macropomum), el Bagre rayado (Pseudoplatystoma fasciatum), la Palometa (Metynnis argenteus), el Caribe (Serraselmus rhombeus), el Coporo (Prochilodus mariae), el Cajaro (Phractocephalus hemiliopterus) y el Chorrosco (Pimelodus blochii). 

Con Don Manuel Costa y Fanny Ponce (MARNR-Apure) cerca de la confluencia del Guanare con el Portuguesa Foto: Coco Guevara
En los pozos arremansados que se emplazan en la cercanías de su unión con el Portuguesa, habitualmente se aprecian vistosas Toninas (Inia geoffrensis) que en sus saltos oxigenantes parecieran hacerle guiños a los navegantes. Los viejos llaneros como Don Pedro Manuel Petit, Profesor Ilustre de la Universidad de Los Andes, que en su muchachez espantaba el bochorno guanareño en los pozos del río y que sin duda, bogó de Guanare a Guanarito en solaces de pesquería, bien comprenderán los angustiados versos de un coplero, que no he logrado identificar, quien al ver la mengua de su río, cantó entristecido: 
Si vuelves a Guanarito
Por caminos sabaneros
Perplejo te dejarán
Mortificantes recuerdos
Verás cómo están las playas
Casi vestidas de negro
Muy tristes porque las aguas
Del río Guanare, se fueron.